En Barcelona
Con la gracia tan profunda y tan inconmensurable, el samurai entró en el recinto sigiloso, pensaba en que encontraría mucha resistencia, pero la escort sevilla fue amable y discreta. Dejó a un lado la espada y sus ropas orientales quedaron colgadas en el perchero. Junto a la más bella travesti barcelona, el viejo guerrero conoció la pasión, el clímax, y se preguntó si acaso había tenido antes un combate tan memorable como ese, tan fenomenal.
Y se dio cuenta que no. no era posible que en su larga vida hubiese tenido ocasión de disfrutar tanto del combate cuerpo a cuerpo. Conoció el fuego de una mujer y cantó dichoso, cantó como un muchacho que descubre el sexo.
Desde entonces, todos los meses de marzo, el viejo samurai vuelve a Barcelona, vuelve solo para verla otra vez.